Se rie, habla como loca, se pone nerviosa... Se vuelve a reir.
No hay nada como verla feliz, aunque sea con tan poco; aunque tú tengas la cara larga y un día de perros, tengas los ojos rojos de tanto llorar o la coraza de miedo... Aunque el autobus esté atestado de gente y tu asiento mojado de vetetuasaberqué.
Da igual. Ella se rie y entonces, nada más importa. Todo merece la pena, incluso la impotencia.

No hay comentarios:
Publicar un comentario