29.6.09

amantesdelanoche

A la misma hora, las doce y veintidos minutos, todas las noches, se encuentran.
A esa hora, cuando en casa todo está más o menos tranquilo; los niños en la cama, el marido en el sofá bien ocupado en no pestañear para no perderse nada de la querida caja tonta (la reina de la familia), los platos fregaos, la ropa tendía... A esa hora cuando ella tiene un ratito para sí después de un día de estar pa' tol mundo menos pa' ella . Un ratito para sí. Aunque más bien sea del perro que a esa hora necesita salir.

A la misma hora, las doce y veintidos minutos, todas las noches, se encuentran.
A esa hora, cuando en casa todo está más o menos tranquilo; el bebé en la cuna, la mujer leyendo en la cama absorta en una novela de moda, que en el fondo sólo utiliza como excusa para no aceptar que su matrimonio es un desastre y que los cuentos de hadas no funcionan en la vida real, que no hay mujeres perfectas, ni hombres perfectos y que si los hay, luego acaban con un aburrimiento vital tal, que acaban comprando absurdos boletines de psiquiatras acabados que hablan de la reconciliación en el matrimonio y del volver a empezar cuando justo es lo contrario, el final de todo y el desastre total. A esa hora cuando él tiene un ratito para sí, después de estar con la sonrisa perfecta de hombre ejemplar en el trabajo, la casa... Un ratito para sí. Aunque más bien sea del perro que a esa hora necesita salir.

Se encuentran todos los días, a las doce y veintidos, en esa esquina de ese parque de esa avenida, justo frente a la farmacia y a dos pasos del bar. Se miran, tímidos, cuando se ven llegar. Los perros juguetean entre sí, y ellos se tocan como adolescentes en el banco. Se abrazan, se regalan sonrisas, se agarran de la mano... sin hablar. Aquí ya no se necesitan las palabras.
Y así están, diez minutos todos los días, unidos, completos, juntos. Olvidándose de su soledad y de su vida de mierda. De sus familias, de sus trabajos, de sus tensiones, de sus violencias. Así están, en compañía, olvidándose de tanta desidia y tanto aburrimiento... olvidándose de sus sueños rotos, de sus utopías.... Y en diez minutos, les cambia la vida. Hasta el siguiente día y así... hasta soñar, hasta que, a las doce y treintidos, vuelven a sus casas, a sus familias, a su vida de mierda, a su voluntad...

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Mis mejores deseos para tí:

Que el eterno Sol te ilumine,

que el amor te rodee,
y la luz pura interior
guíe tu camino*

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