Después de un montón de meses yendo y viniendo, se paró y nos dijo "es hora de las presentaciones, no?" y acabamos hablando, entre sorbo y sorbo, de tonterías varias como el precio del autobus, la cantidad de variantes de té negro y las inmensas ganas de conocer el Tibet. Bueno, acabamos hablando él y yo, porque la Flaca se fué y me dejó a medio oscuras en aquella habitación azul. Resulta que su madre era la dueña de todo aquello y que esos ventanales tan hermosos, los hizo él copiados de Chaouen, por eso tanta luz, esas cartinas y ese aire de frescura. Y yo me quedaba pensando la de cosas que me decía, porque jamás imaginé que alguien con esa mirada y con la de poquitas palabra que en tantísimos meses me dirigió, pudiera decir tanto en el menor tiempo posible. Porque es eso, pasaron los minutos como horas y los segundos, como minutos. Qué fuerte.
Y luego me pidió un abrazo, un poco tímido, como olvidado de todo lo que me dejó allí, en el aire, de sí mismo. "Contandome tu vida enterita y dejandome con la boca abierta y te piensas pedirme el abrazo? tu estás tonto!".... Y se lo dí, claro que se lo di. Yo ahora solo necesito abrazos...
Y me sentí un poco triste en su despedida, con mi té, con la vela apagándose y esa habitación que inesperadamente y sin darme cuenta, se llenó de gente. Y me puse a pensar y a pensar y... acabé pagando la cuenta y yendome al mar a contarle la cantidad de tristezas a los gatos, que son los únicos que últimamente parecen escucharme. Pero qué bueno es sentir que alguien está en ti, eh? que va contigo siempre

No hay comentarios:
Publicar un comentario