Encontrarme, mientras cruzo la calle, un dado pequeño camino de la panadería me hace sonreir a gritos. Me confirma una vez más que nada es una casualidad, que todo está conectado; que todo pasa por una razón por muy pequeña que sea... Que la vida es demasiado corta y que justito cuando entendemos eso, comprobamos en nuestras propias carnes que es más corta todavía.
Y es eso, soy feliz con poco... Quizá porque hace tiempo que empecé a disfrutar de las pequeñas cosas y agradecer las señales claras que va dejando la vida.

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