27.3.09

mimetizando

A veces, cuando estoy en un centro comercial o en un espacio social, cerrado y rodeada de gente, en donde hay mucha luz, hace calor, y cuelgan precios por todos lados, siento que en el interior de las paredes hay risas... Siento que están vivas y me hablan y me cuentan historias un tanto terroríficas. O al menos por momentos. Historias de soledad, de olor a lágrimas en la ropa de quienes son los que más sonrien y de carritos llenos de vacío aunque rebosen... Me pongo triste. Y poco a poco, siento que tengo que reconstruir el diafragma y respirar en respiración hana o como dicen los viejos yoguis, "de silencio". Entonces, llego a pesar que la soledad sería una de estas melodías rotas que tienen, como las tuvieran anoche, mis frases. Y que el tesoro de los piratas ha de estar enterrado en la primera persona del singular de la tercera persona del singular de los que veo. O lo que es lo mismo, siento dolor por tantas cuencas vacías de ojos petrifricados que me miran sin mirar y que intentan darle sonido a su garganta, con tanto estúpido grito.
Y bueno.
Acabo entrando al servicio para respirar tranquila en una habitáculo de mierda (nunca mejor dicho). Para tomar aire y salir al mundo consumista que nos venden. Al mundo oscuro que me parece feo si lo miro con las lentes que venden en cualquier párticula de aire de cualquier espacio, y que me hace querer llorar de pena tantas noches... Pero decido tomar un poco de agua del lavabo y sorber una bocanada más de vida. Y entonces es cuando caigo en la cuenta de que cuando espero dejar de esperar, sucede tu caída dentro de mí, melancolía. Y ya no soy más que un adentro. Un adentro rojo, rojo, rojo, que explota en una dinastía de soles transparentes que nada más yo veo. Yo sola con mis voces, y tanto está el mundo en el otro lado, que lo confundo conmigo y siento que todo el mundo son partículas del YO y del TU. Y todos somos todo(s). Entonces, alguien me llama y salgo, aturdida, del baño. Me preguntan si estoy bien, que estoy re pálida, cuentan. Sonrío, cojo aire y comienzo a caminar entre una música que sale por los altavoces que parece que emite colores ingénuos como los que alguien, en mi vida, toca con su guitarra. Pienso. Rio y me pongo a bailar en medio de un círculo de locos que me miran por debajo de la ropa. Me siento desnuda, como en la playa, a pesar de la ropa. Desnuda soñado una noche solar, como Alejandra. Y es tan lejos pedir... pedir que me lleven de allí y me lleven al monte, a la mar, al campo, para sentir mi yacimiento animal como miradas renacidas. Y es tan lejos pedir, y tan cerca es saber que no hay, que siento que en mi mirada, por segundos lo pierdo y lo gano todo. Y huelo las destrucciones (ésas de las que hablaba Shakespeare) como si fueran razones muertas de las que ya no quedan.

Entonces, caigo en la cuenta de que nadie me dará la respuesta jamás usada...

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Mis mejores deseos para tí:

Que el eterno Sol te ilumine,

que el amor te rodee,
y la luz pura interior
guíe tu camino*

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