La cosa va de energías.
Que si tú me coges los ojos y no me los sueltas, yo te devoro las entrañas para que me cuentes tu vida y ésta te duela, te sangre, y acabemos los dos casi llorando de las heridas del otro. Así es como se crean las mejores forjas de hierro, las más bonitas, con fuego. Y si encima le agregamos truenos, relámpagos y tornados, entonces... Entonces ya el cosmos lo tenemos girando para nosotros. Como la rueda del Dharma, bendita tu energía y la razon de tus pasos.
Que hay gente que cambia la vida y eso ha de ser lo que le está pasando al resto del mundo que te tiene en sus días, o al menos yo lo veo así, porque me meto en sus retinas y bailo en sus aguas, como dijiste, y siento que proteges, que agarras, que amortiguas las caídas.
¿Sabes una cosa? A mi no sólo me bendicen los Budas, o tus deidades que están en el aire, tan parecidas a las mía; me protege saber que hay cosas hermosas mucho más grandes, brillantes y llenas justo donde más se concentran las feas. Y que la vida da demasiadas vueltas, ¿no?

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