No sé qué me pasa. De repente me explotan, me arrebatan, me entran unas ganas terribles de no se qué, pero de algo, ganas de algo. Lo intento una y otra vez, cierro los ojos..., pienso, recapacito, pero no hay forma; de verdad que soy incapaz de descubrir qué es. ¡¡Pero por favor!! ¿Qué es?? Me siento infinitamente mudo en el momento de expresar mis desconsoladas ansias, mis monumentales, eufóricas, eubérrimas ganas de todo mientras no hago nada pensando en todo. Hay días que las ganas, esas ganas, me vienen y me van, me van y me vienen así de fuertes, desde muy adentro volcánicas y obícuas, ganas incombustibles de hacerlo todo, de hacer de todo, de ser todo, ganas de ser, de serme, sin que pueda explicármelo. Me dan ganas de construir puentes, maniquíes, estatuas, poemas, condones, botellitas de esmalte para uñas, ganas como de recuperar y volver a perder a propósito todos los objetos perdidos de mi vida, con una alegría entusiasmada múltiple de dos y de tres que incomprensiblemente me sube desde el monte de Nosedónde hasta la ciudad de Aquí, aunque no sabría decir con exactitud en qué barrio, en qué arbol, en qué corazón. En fin, no entretengo más. Voy a hacer el pino un rato, a ver si se me pasa un poco. No sea que hoy trabaje demasiado.
Post de Josep Porcar Museros, en el Blog Oficina de Objetos Perdidos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario