Hay momentos en los que debemos de pararnos a reflexionar...
Es divertido, a veces, pararse a mirar, desde lejos (aunque cerca), cómo se va desarrollando una escena que parece sacada de cualquier película de los hermanos Grimm; de alguna imagen comprometida, alocada, amargante, desconcertante... etcétera, pero que tiene ese puntito de picardia sutil parecida a una alegría a medias. Es bueno mirar cómo otros actúan en momentos idóneos para el silencio. Quiero decir que, es divertido, a veces, pararse a ver como otros prefieren gritar, hablar o moverse, en momentos en los que el silencio y el estarse quieto sería la mejor arma. Entonces, cuando tu sientes un poco el asceta que hay en ti, y estás en tu posición de observador, silencioso, al acecho, mirando como águila todo lo que ocurre, queriendo aprender de cada movimiento.
Y plaf... ocurre.
Ocurre que ves el ruido interno de la cabeza de esa persona que todos miran mal porque acaba de meter la pata hasta el fondo. Ocurre que ves sus ojos tristes, casi cabizbajos, queriendo aguantar la mirada de todos y decir "si, qué pasa, me equivoqué pero no es cierto que me equivocara", porque a veces pasa que no queremos reconocer que nos hemos equivocado y tambien pasa que, a veces, decimos que nos hemos equivocado sin sentirlo verdaderamente sólo porque sabemos que es lo que quieren oir muchos de los presentes. Y ves la poca humanidad compasiva de muchos que, señalan con el dedo aún sin mostrarlo, y repiten constantemente "ves? te lo dije" cuando todos saben bien que deseaban por encima de todo, que aquello ocurriera y verse allí, ellos, los poderosos, encima de tronos grandiosos eternamente por encima de todo cuanto se mueva... Y ahí estás tu, viendolo todo desde abajo, desde una piedra, sentado en el camino, sin tener, casi, nada que ver con todo lo que está ocurriendo... Y ocurre, que ves que el juzgado, traga saliva y pretende explicarse pero nadie le deja porque nadie quiere escuchar, porque tienen mejores cosas que hacer... Sobre todo, las manos que le sujetan para lapidarle. Entonces no tiene más opción que "achantarse" y decir: "si, tenías razón, me lo dijiste" y es el momento en que su cuerpo habla, aún sin hablar, y una lágrima recorre su rostro aunque no se vea... Es el orgullo, la soberbia muerta, las ganas de gritar, la rabia.
Y la otra persona susurra que no pasa nada... pero sí que pasa, sobretodo en su mente, porque está eufórico, jubiloso, se siente bien. Y hay una sentencia, entre todos, bien grave (piensas).
Ahí estás tu, humilde peregrino, sonriendo.
Acabas de ver otro juicio más de la vida.
Unos que ganan y otros que pierden.
Bandos. Desuniones. Incompetencias y competencias. Descontrol. Poder.
Y sobre todo, ves el error del ser humano que habla cuando tiene que callar y se mueve cuando tiene que pararse...

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