Ultimamente parece que mi camino en el mundo va sobre cómo hacer que otros reflexionen. Eso me ha hecho darme cuenta que conseguir eso en conversaciones a veces fugaces es como un grado, un escalón más arriba, un paso enorme. Con todo esto, estoy comprendiendo que si he llegado a este punto es porque desde siempre he reflexionado mucho a cerca de todo... Quiero decir que, no sé, en conversaciones mucha gente siempre ha visto en mí reflexiones/meditaciones que quizás no se habían parado a pensar antes y que, tras "destapar la manta" de alguna forma les han hecho cambiar de visión... O sea, estoy entendiendo que para hacer que otros reflexionen en cuanto a sus actos, sus sentimientos/pensamientos, o en general, su vida, el primer paso es empezar por uno mismo y "predicar con el ejemplo". Claro, eso todo el mundo lo sabe. Todos somos conscientes; es más, es una frase bastante común ("hay que predicar con el ejemplo" o, "no aconsejes si tus propios consejos no los tomas") pero cuando uno se da cuenta de que lo está haciendo de verdad, lejos de ir "de boquilla" pa fuera... No sé, es una sensación muy buena y muy gratificante, digna de ser menciona aquí o en cualquier otra conversación, de esas, interesantes que pululan en el aire últimamente. Pululan, si, ha de ser eso...
Y bueno, eso es como todo. Reflexionar y hacer reflexionar es como perdonar y hacer perdonar, o amar y hacer amar (o casi...). Es como la reciprocidad de el karma bueno, el positivo, las acciones válidas que se te vuelven (claro, no todo iba a ser malo en esta vida... no? al igual que lo negativo se nos pega en la ropa como pólvora, los rayos del sol y su positividad hacen que vayamos acumulando un calorcito aquí dentro, un poco más abajo del esternón). Y ¡qué bueno es ver sembrada "la semillita de la reflexión" en los ojos de otros y despedirte de él y verle irse con una cara pensativa, como de estar dándole vuelta a algo en su cabeza para llegar a un puerto...!
No sé, no sé, será que de siempre me ha encantado ir por la vida con los ojos bien abierto, hablando y hablando, y haciendo hablar.
Tal vez no sea para encefalogramas planos mis conversaciones, o como me dijeron ayer sea demasiado nerviosa, expansiva, pasional, tanto que hasta se me nota a la hora de sacar temas para hablar... pero lo cierto es que nunca me ha pasado que con alguien, sea quien sea, me quede sin tema para conversar. Supongo que ha de ser algo bueno, ¿no? Un poco de don de palabra, ya me lo decía mi abuela... Un poco de "demasiadas palabras" para el mundo, que diría mi querído Julius...
En último caso, quizás haya descubierto una de las pocas virtudes que voy acumulando...
:)

No hay comentarios:
Publicar un comentario