9.1.09
de-gracia(s)
Llegas con una incertidumbre que no sabes cómo atender. Pasas la puerta, miras, re.miras y vuelves a mirar. Saludas y en esos saludos te tiemblan las piernas. Te sientas. Empiezas a hablar y tratas de parecer la chica segura de siempre, la que siempre tiene qué decir, la que no se deja alarmar ni impresionar. Si, coges el rol de siempre, en el que te escudas desde que eres consciente de tí misma, de que dos más dos no siempre es cuatro, y te vienen las palabras de "ves? te lo dije". Tratas de mantener una conversación lo bastante buena como para mantener la mirada ahí y no moverla por nada del mundo. No moverla para no despistarte y pensar cuanto menos mejor. Lo justo. "Al menos no pensar en tonterías", te dices. ¡Y funciona! Parece que lo consigues. Llevas bastante tiempo hablando sobre cosas un tanto triviales, pero la persona que tiene delante te despierta interés. "Bien, sigue así" - piensas... Y acabas confiandote. Mierda, es entonces cuando lo jodes todo. Porque te dejas llevar, te pones, pasional, como siempre, y optas por ser quien eres. Ser quien eres. Ja. Esa estupida niñita miralotodo que tiene que analizar y observar a todo ser viviente. Y entonces... fiuuuuu, como arte de magia (de magia negra, entiendes, porque una bruja buena, semejante, no puede ser...), aparece quien menos te lo esperas. Y plaf, te cambia la realidad. Y eres imbécil. Entonces, diga lo que diga tu "enanito bueno", ese que en los dibujos animados pitan en el hombro, a mano izquierda o derecha o no sé, y que susurra al oído cosas buenas... Si, como si fuera el gnomo que le dice a Ralph, en los Simpsons, que queme cosas... bueno, pues igual pero en bueno, en angelito, en enanito con espíritu pepito grillo; pues tal ser, diga lo que diga, te importa un rábano, un comino, un CARAJO. Porque tú estás a años luz de la realidad. Estás en el pasado que ha de ser lo más fangoso y asqueroso del mundo, porque comienzas a ver como tu propio cuerpo se empequeñece en la silla y te vuelves hormiguita que no sabes si alguien ve. Y entonces quieres llorar y haces el enorme esfuerzo de controlarte. Suspiras. Y cierras los ojos. Sientes la música mucho mejor. Obvias que estás rodeada de gente, de humo, de alcohol. Suspiras... Y te invade la sensación de querer gritarlo todo, de subir ahí y tomar el micrófono y decirlo o hacerlo o yo que sé... Y te ries. Te ries porque hay alguien que te está mirando, alguien a quien aprecias y admiras por su felicidad, que parece se está percatando de todo lo que estás sintiendo y te mueve la cabeza como en señal de compañía, aunque él esté a lo suyo, con sus manos, con su sonrisa, con su eterno espíritu libre. Y entonces... Joder, caes en la cuenta de lo imbécil que eres. De lo imbéciles que somos a veces. De que la noche, la vida, es demasiado corta para tanto sufrir, para tanto silencio... Y sonries porque has encontrado una paz extraña, la misma que tantas veces ellos te han hecho sentir con su arte, y resuena en tu cabeza la frase de su canción "la vida es un sueño y de sueños está hecha la vida"... Y te das cuenta de lo fácil que sería tu vida, la situación, si alguien te pidiera vivir un sueño de ese calibre. En fn, a veces los sueños sólo están en la mente. Y qué pena.
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Mis mejores deseos para tí:
Que el eterno Sol te ilumine,
que el amor te rodee,
y la luz pura interior
guíe tu camino*
que el amor te rodee,
y la luz pura interior
guíe tu camino*

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