
Nunca se sabe qué puede pasar, ¿no?
A veces me pasa, en el autobus, tomando un café, en la cola de la fila de la instancia intermedia o paseando, por ejemplo, que me pongo a ver los pies de quienes están cerca de mi. Bueno, más bien sus zapatos porque, desgraciadamente, hoy en día nadie va descalzo por la calle... El caso es que ayer ví algo peculiar, alguien llevaba un zapato de cada color; uno rojo, y otro amarillo. Sonriente, alegre de que alguien hubiese roto el curso monótono de la "excursión zapatera", fui poco a poco subiendo la mirada para descubrir quién era quien caminaba bajo esas peculiaridades, y pude comprobar, a cuán mi sorpresa, que era una mujer de unos sesenta años, guapa, sonriente, de carácter dulce y amigable, con unos ojos espléndidos que se encontraron con los mios y me guiñaron. Comprendí que quien de menos te lo esperas, te aparece un brillo y plim, te deslumbras...
Ha de ser lo curioso de la navidad, ¿no? que de tanta gente en las calles, de prisas, y compras, tu vas caminando, con tu música y tus cosas en el ala derecha de tu cerebro, quizás comiendo una manzana o fumando un cigarrillo, en esos días en los que toca mirar a los pies a la gente, y plim, encuentras cosas curiosapreciosas como esa que te rompen el halo estúpido de lo "politicamente correcto".
Bravo por esa señora.
Y es que por mi, yo pertenecería al circo...

No hay comentarios:
Publicar un comentario