Milan me parecio melancolica; con su tranvia, sus arboles caducos y ese olor a frio y a humedad. Me encantaron sus capucchinos y la sensacion armoniosa de sus calles. Me sorprendi de la capacidad de los italianos para darle la vuelta a la tortilla a las cosas, de llevar para su terreno, para que parezca normal que por ejemplo, un cafe te cueste 2 euros aun teniendo delante un cartel que indica su precio en 80centimos... Pero es maravilloso el ambiente general de las terrazas y las sonrisas que me encontraba en cualquier esquina.
De Milan me llevo la sensacion familiar de conocer sin conocer o de saber orientarme, las charlas antes de irnos a dormir y el cafe de media-noche. Escuchar a los Sex.Pistol en la voz de alguien que tiene la cara de llamarme friki (cuando lo es mas... esta claro), la mirada de encuentro infinito a traves de unos ojos que encontre desde la nada y que, por razones que todavia desconozco, no me puedo quitar de la cabeza.... Y los ratos de risa en el metro o en el tranvia comiendo croquetas caseras de un tapper preparadas por la madre de alguien, y las risas y las risas y las risas...

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