12.8.08

unoentremil

Bebía cerveza, y yo, cuando bebo cerveza, estoy concentrada a ella. Me envuelve su frescura y ese "amor" que tiene todo el mundo hacia ella. Siento admiración por su espuma...
Bueno, bebía cerveza y hasta el momento en el que vino hacia nuestra mesa no me percaté. Entonces, y como siempre, empecé a intentar animar a los otros para que fueran ellos los primeros en pedir, ya que yo aún no tenía muy claro si volvía a tomar carne o seguía con mi extraño veganismo. Pero como siempre, todo el mundo temía ser el primero ya que el primer se expone a oir, cuando se va de tapas, que has pedido con frases como "¡Hala!, ¿todo eso se vas a comer?", o "como se nota que no has venido comidita de casa..."; así que nada, como nadie se decidía empecé a pedir mis "platos" yo. Normalmente me gusta hablar con los camareros. Suelo preguntarles alguna cosa y entre ellas, intento saber sus nombres (sean hombres o mujeres). Supongo que me gusta tener un trato más "personal" con ellos ya que pertenecemos, por así decirlo, al mismo gremio. No se, me parecen cercanos y desempeñan la misma labor que yo, así que, qué demonios... Siempre suelo ser cortes y dar el menor trabajo posible, así que simpre se me oye un "gracias", o un "perdona...". La cosa es que esta vez estaba un poco seca o más bien con la cabeza en otro lado y no dije ni siquiera gracias. Tampoco le miré, solo escuché su hincapié en algunas palabras como al decir "algo más?" y deducí que era de la parte de la Patagonia por ese acento tan argentinamente gaucho.
En fin, el caso es que no le miré hasta que por causalidad pasó por mi lado y pude ver sus pantolnes anchos. Le hice una "vista escaner", de esas que según Clara yo suelo utilzar, y me quedé inquieta al no poder mirar su cara con exactitud ya que estaba llevando comandas a cocina y estaba de vuelta. Cuando se giró, hizo un gesto de cansado y evitó que pudiera ver los ojos. Pero había algo raro en él, algo que aún no podía descubrir porque aún no me había cruzado con su mirada...
Al rato su compañero nos trajo la comida y me puse a comer. Estaba inquieta. No me gusta tener esa sensación de faltar algo cuando estoy comiendo... Pidieron más bebidas y justo cuando lo trajo, pude verlos. Ambos hicimos un gesto raro, algo que alguien de la mesa no entendió y que de alguna manera hizo "levantar sosprechas". Él fue a la cocina y desde allí observó, igual que yo pero al revés, algo en mí. Imaginé que tendría unos 26 años. Que su vida no había sido fácil, y que esas manos, de vez en cuando, tocaban la arena de la playa de alguna manera especial. Sus ojos me decía algo que su cuerpo no... Su mirada escondía un secreto que solo los observadores o quizás alguna gente "selecta" por él, sabía. Yo lo adiviné. Eran sus movimientos que aunque varoniles, me hacen entrever que algo grande se escondí a sus espaldas...

Lo comprendí.


Su mirada me lo contaba entre idas y venidas a la cocina. Y a mi me fascinaba su historia, tanto, que a penas si creí comer y la forma de beber (una mesa con un grifo de cerveza, la cual en la pared tiene un contador para ir contando los litros que ingieras), la bebida, ya no me parecía tan divertida. Y deseé que se acercara para preguntarle cientos de cosas pero esta vez, de viva voz. No fue así. Cuando una vez le miré de forma altanera y arrogante (¡¿por qué demonios no se acercaba?!), apartó la mirada y sonrió. Al instante, después de dar un rodeo por la segunda mesa, se acercó hasta la sétpima (la nuestra) y me preguntó, si, directamente a mí, si queríamos algo más de comer. Por lo que entendí la cocina estaba cerrada, pero fue una buena forma de romper el hielo.


Al salir del local, me dí la vuelta. Estaba casi convencida de que si dejara la nota que tenía en el bolsillo, escrita, para estos momentos, algo me uniría a ese chaval. Entonces sonreí. Qué boba. Algo ya me ha unido a ese chaval. Su historia y su mirada de coraje. Su gran mirada de ojos mar de gran coraje y valentía.

Y qué hermoso, ¿no? transmitir la vida entera desde tu retina.











a Lorenzo,
el chico que tenía nombre de Sol, mirada de mujer y coraje de Dioses.

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Mis mejores deseos para tí:

Que el eterno Sol te ilumine,

que el amor te rodee,
y la luz pura interior
guíe tu camino*

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