Tengo un deseo de nada entre todo este universo de personas, ideas y sueños interrumpidos, que no rotos. Un deseo de nada que bien puede parecerse a una galaxia roja o a una vida polar.
A este deseo de nada le he puesto un biombo hermoso, pequeñito, con algunas manchitas de diferentes colores, para distinguirlo de los otros deseos. Cada mañana al levantarme, abro los ojos y lo veo ahí, como una casa roja y palpitante en el fin del mundo.
Ese deseo hace que cada noche salga el sol, y que la infinidad de las cosas bellas sean infinitas...

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