Inés está preocupada por la cosecha. Dice que para el tiempo de las heladas, allí en Burgos, no quedarán grandes cantidades en el almacen. Además, está preocupa porque no sabe qué trabajo va encontrar para este invierno. Dice que si lo encuentra seguramente tendrá que ser en la cuadrilla del monte, tirando de motosierra y desbrozadora; pero algo tendrá que encontrar, para seguir pagando los gastos que genera poner en marcha las fincas.
Cuenta, que todas éstas preocupaciones se llevarían bastante bien si tanto cacique dejara de joder, pero como no lo hacen, pues se pone de bastante mala leche de vez en cuando... De todas formas está bien, porque Inés, cuando se pone de mala leche, es graciosa.
Me dice también, y yo siento que un poco ilusionada, que una de las grandes razones por las que necesita sangre nueva por allí, es que está un poco cansada de trabajar tanto. Que aunque trabaja sola, y muy bien pues ella es muy independiente, a veces no puede con todo y se desanima. Entonces las cosas no salen del todo como quiere y entra en un bucle dificil de salir. Pero se rie. Cuenta que cuando se siente así, se rie, porque con la risa entra mejor las cosas tristes.
Yo entiendo que mi cuerpo y estos nervios que me entran por dentro, tan bailones, cuando recibo sus noticias, es porque de alguna forma está con ella y al leer sus palabras, se encuentra, esa parte de mí allí, con la otra que está aquí; y se reconocen... Entonces es hermoso porque me siento plenamente viva y con ganas.
Pronto Inés y yo vamos a abrazarnos de nuevo.
Será cuando los árboles pierdan las hojas y podamos ver puestas de sol sin que el sol derrita el hielo de las montañas.

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